En un servicio religioso clandestino en China, los asistentes elevan sus plegarias tan rápido como pueden y esperan que la policía no se aparezca repentinamente en el lugar. Muchos de los cristianos chinos se congregan en iglesias clandestinas.
Al final de un callejón en un barrio del norte de Pekín, 40 cristianos chinos se reúnen en un pequeño salón de clases. Al comienzo del servicio, bajan la cabeza y se ponen a rezar.
El pastor Zhamg Minxuan está de pie frente a ellos.
Hace veinte años era un barbero que no tenía ningún interés en la religión. Después se metió en problemas con el Partido Comunista y fue encarcelado. A partir de ese momento se convirtió al cristianismo.
Desde entonces ha estado al frente de una iglesia clandestina y ha sido detenido una docena de veces.
"Un día Dios sacará a nuestra iglesia de la oscuridad hacia la luz", le dice a sus seguidores en el salón. Los ojos de los fieles brillan mientras lo miran.
"Rezaré por el gobierno si importar que me sigan persiguiendo", señala Zhang.
Rezaré por el gobierno si importar que me sigan persiguiendo. Creo que al final Dios los convertirá
Zhamg Minxuan
"Creo que al final Dios los convertirá. Sin importar lo que pase, nunca abandonaré mi relación con Dios".
Los cristianos chinos ponen nervioso al Partido Comunista.
Hay millones de ellos en el país. Rezan donde pueden, muchas veces en sus hogares. No quieren ser controlados por Pekín, así que se niegan a unirse a la iglesia Católica afiliada al Estado.
El partido muestra su recelo con toda organización que no se comprometa a ofrecer su lealtad al Estado.
Sentencia
En su casa en Pekín, Cai Zhuohua lee partes del Viejo Testamento.
Quizás sea el sentido de humor de Dios, pero aquí estamos imprimiendo millones de biblias En su sala, al lado de un viejo televisor, hay amontonadas varias biblias.
Otro líder del movimiento cristiano clandestino, Cai se muestra demasiado nervioso para reunirse en su congregación en caso de que la policía lo identifique en uno de nuestros reportajes.
Hace pocos años imprimió 10.000 biblias que entregó a otros cristianos clandestinos. Por ese "pecado", el Partido Comunista lo encarceló por tres años.
"Necesitó difundir el cristianismo", dice "y necesito imprimir la Biblia y distribuirla entre otros creyentes".
Fábrica de biblias
A pesar de la persecución, lo sorprendente es que China tiene su propia editorial de biblias, la Impresora Amity, en la ciudad sureña de Nanjing.
Las iglesias aprobadas por el Estado también son muy populares.
Cada día la empresa imprime cerca de 9.000 biblias. Sin embargo, la imprenta sólo puede suministrarlas a la iglesia que cuenta con la aprobación del Estado.
En febrero de 2008, Amity se mudará a nueva sede donde podrá imprimir un millón de biblias al mes, lo que la convertirá en la mayor editorial del sagrado libro en el mundo.
Es algo significativo en un país comunista impío.
"Quizás sea el sentido del humor de Dios", señaló Peter Dean asesor de producción de Amity "pero estamos imprimiendo millones de biblias aquí".
"Imprimimos 41 millones de biblias para las iglesia de China. Son distribuidas en la red de iglesias del país".
Iglesia oficial
Algunas biblias terminan en la iglesia Católica de Pekín, que es parte del sistema religioso oficial chino.
En esta iglesia Católica, los obispos son escogidos por Pekín, no por el Vaticano. Todo el mundo responde al Partido Comunista. Nadie tiene que esconderse, ni preocuparse por la posibilidad de ser arrestado.
Es la clase de cristianismo oficial que el gobierno chino tolera.
La regla es simple: si eres leal al Partido Comunista puedes rezar. El gobierno quiere a sus cristianos en la iglesia respaldada por el Estado para verlos y controlarlos.
Sin embargo, el cristianismo está creciendo más allá de su control. Un día no muy lejano, habrá más cristianos que comunistas.
Fuente: news.bbc.co.uk

